Cada pieza es única. Una vez vendida, no se reproduce.
Cada anillo de crecimiento cuenta un año vivido en la sabana.
El respaldo es una sola pieza de teca curvada que abraza la espalda.
Un tablero de cubos en tres maderas. La ilusión cambia al moverse.
Maderas recuperadas de un derribo centenario en el llano.
Tres niveles en teca maciza. Las juntas hablan del oficio.
Un tablón de canto vivo que se vuelve luz.
Un portón de teca entre dos celosías de acero negro.
Mesa larga de canto vivo sobre base cruzada. Para reuniones que no se apuran.
Banca baja de canto vivo sobre dos bloques macizos. Sólida, sin adornos.
Un tronco entero, vuelto asiento. Los anillos a la vista.
Credenza de teca de líneas rectas. Guarda sin pesar.
Una rodaja de tronco sobre pie central. Los anillos al centro.
Banca larga y baja, de cuatro patas. Para el exterior o el pasillo.
Tablones de varias maderas corriendo a lo largo. Cada veta, otro tono.
Una tabla de teca con el sello del estudio grabado en una esquina.
Una mesa de centro de marco continuo. La veta del centro hace el dibujo.
Una estructura abierta en mitad del llano. Madera que aguanta el sol y las crecientes, y sigue en pie.
El comedor se abre al horizonte. Una mesa de canto vivo al centro, y la sabana de fondo.
Un estar de madera maciza frente a los Llanos. Sofá, mesa y credenza. Nada de más.
Un bar bajo los árboles. Mecedoras, botellas en el estante, y la calma del llano.
Una mesa larga abierta al horizonte. Doce sillas y la última luz sobre el llano.
Una barra de canto vivo frente a la ventana. El café, el amanecer, y la madera.